Anna Nicole Smith parece un poco su país de origen. Muy buena exteriormente y sin nada adentro, como si muñecos de trapo fueran la representación de los pensamientos y sentimientos que nos identifican.
Ciudad de México, 18 de mayo (MaremotoM).- La visión del documental de Anna Nicole Smith por Netflix nos deja un sabor amargo y un estado de ánimo entre la tristeza y la desesperación. Bonita hasta matarse (porque así fue), da la sensación de que Anna no ha tenido cerebro.
Y al poco que tenía lo fue construyendo con drogas desde su adolescencia. Tú no me conoces, dirigido por Ursula Macfarlane, da la voz a mucha gente desconocida para el gran público pero que dicen absolutamente gran parte de la verdad que rodeó a esta playmate y modelo de Guess que supo tener buena fama y mucho dinero en el siglo XX.
Rubia como Marilyn Monroe, como Pamela Anderson, fue sin duda el prototipo genérico de lo que es la belleza para Estados Unidos: Una rubia llena de curvas, aunque en su juventud tuvo que ponerse implantes mamarios para hacer su cuerpo perfecto, nada reflejaba una cierta dosis de inteligencia (mucho menos emocional) para ir haciendo su vida.
Compraba a destajo, no guardaba nada, pensaba que todo el mundo debía darle dinero y no tenía ni siquiera por su hijo, Daniel (a quien adoraba) una voluntad de educarlo y de darle un norte. Así, su hijo murió a causa de la drogadicción que ella misma tenía y la nueva hija ni siquiera conoció a su madre, porque ella también falleció.
Pocas cosas son dignas de mencionar a la hora de describir la personalidad y las aficiones de Anna Nicole Smith. No hay lástima ni perdón ni una luz que afectara su cabeza para elegir algún camino no equivocado y en principio uno dice: Bueno, es de Texas, teniendo como para sí a esa tierra como la de Dios, las armas y Donald Trump.
Más allá de sus intervenciones en el cine, la figura de Smith estuvo marcada por su vinculación a Playboy, su polémico matrimonio con el millonario J.H. Marshall y por la presencia en reality shows que se nutrían de su vida privada.
Compraba a destajo, no guardaba nada, pensaba que todo el mundo debía darle dinero y no tenía ni siquiera por su hijo, Daniel (a quien adoraba) una voluntad de educarlo y de darle un norte. Así, su hijo murió a causa de la drogadicción que ella misma tenía y la nueva hija ni siquiera conoció a su madre, porque ella también falleció.

Pocas cosas son dignas de mencionar a la hora de describir la personalidad y las aficiones de Anna Nicole Smith. No hay lástima ni perdón ni una luz que afectara su cabeza para elegir algún camino no equivocado y en principio uno dice: Bueno, es de Texas, teniendo como para sí a esa tierra como la de Dios, las armas y Donald Trump.
Más allá de sus intervenciones en el cine, la figura de Smith estuvo marcada por su vinculación a Playboy, su polémico matrimonio con el millonario J.H. Marshall y por la presencia en reality shows que se nutrían de su vida privada.
Contaba su vida por las cosas que le sacaba a quien fue por un tiempo su mejor amiga, Missy y el documental le da voz también a su madre, quien desmiente todo lo que Anna decía de ella.

Quiso conocer a su padre y su padre era un violador, un abusador, que quiso propasarse con ella, decía que adoraba a J.H.Marshall, pero lo usaba como un cajero automático para comprar mil cosas que nunca la llenaban. A partir de la detección de quien era su padre, toda su vida comenzó a desbarrancarse.
Anna Nicole Smith parece un poco su país de origen. Muy buena exteriormente y sin nada adentro, como si muñecos de trapo fueran la representación de los pensamientos y sentimientos que nos identifican.
Smith era adicta a los opiáceos, que fue haciéndose cada vez más firme. Engordó, adelgazó y después se murió. Nunca entendió lo que fue su vida y mucho menos su belleza.











