El primer ministro israelí, acusado de crímenes de guerra y genocidio, sigue recibiendo honores en su país, mientras organismos internacionales y defensores de derechos humanos reclaman su enjuiciamiento en La Haya.
Ciudad de México, 13 de octubre (MaremotoM).- El salón de la Knesset se levantó en aplausos. Benjamin Netanyahu, con gesto victorioso, saludó a sus aliados como si nada pasara. Afuera, en Gaza, la tregua se desmorona y los sobrevivientes entierran a sus muertos. Dentro, el poder israelí ovaciona a quien el mundo entero observa como un criminal. ¿Hasta cuándo la paz sin justicia en medio de este genocidio atroz?.
El contraste es insoportable: mientras Netanyahu recibe vítores en el Parlamento israelí, sigue vigente la orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) emitida el 21 de noviembre de 2024 por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, incluido el uso del hambre como arma contra la población civil de Gaza.

El hombre buscado por La Haya
“La historia nos enseña que ningún muro de impunidad dura para siempre”, declaró Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. “Netanyahu debe ser arrestado y juzgado por la CPI. Los líderes que ordenan matar civiles, que bombardean hospitales y bloquean alimentos, deben rendir cuentas ante la humanidad.”
Israel, sin embargo, no reconoce la jurisdicción de la Corte. Ha calificado la orden como “una maniobra política” y ha prometido proteger a su primer ministro “por todos los medios”. Aun así, en julio de este año, los jueces de La Haya rechazaron la apelación israelí que buscaba anular la orden de arresto. Netanyahu continúa, jurídicamente, como un prófugo del derecho internacional.
El reciente alto al fuego entre Israel y la resistencia palestina parece resquebrajarse. Según informes de prensa en Gaza, drones israelíes continuaron sobrevolando zonas del sur de la Franja, mientras los hospitales permanecen sin electricidad ni medicinas. La paz, en estas condiciones, es solo un silencio forzado entre los escombros.
En ese contexto, el periodista argentino Martín Gak —quien ha documentado desde Europa las atrocidades en Gaza— denunció: “Netanyahu sigue asesinando en toda la Franja. Los crímenes continúan bajo la cobertura del alto el fuego. Lo que se busca es el exterminio, y quienes callan son cómplices.”
Gak, junto a otros periodistas y activistas de derechos humanos, ha pedido a los gobiernos de América Latina que reconozcan formalmente las órdenes de arresto de la CPI y limiten las relaciones diplomáticas con el gobierno israelí.
El gesto de Netanyahu, erguido y sonriente entre los aplausos de la Knesset, resume una época: la impunidad del poder ante la devastación de los pueblos. La Corte Penal Internacional avanza lentamente, pero la justicia moral ya se ha pronunciado.
“Los tribunales tardan —dice Callamard—, pero la verdad llega. Ningún líder genocida ha podido escapar eternamente.”
En Gaza, los sobrevivientes siguen contando los días, los muertos, los bombardeos. La tregua no traerá justicia. Y sin justicia, no habrá paz.











